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martes, 4 de noviembre de 2014

El único país sin homosexuales



Bien es cierto que hay aún gente en el mundo que no acepta, mucho menos toleraría la homosexualidad. Aunque la actitud de esas personas podría ser respetable, no deja de ser de cierta manera aberrante por el simple hecho de que prefiere ignorar lo que está ocurriendo a su alrededor.  Es decir, recordemos que el problema que representa la homosexualidad en la homofobia, es definitivamente la visibilidad. Pero la invisibilidad no hace que las cosas realmente desaparezcan.  La actitud es aberrante porque el hecho de que no estén visibles los homosexuales (visibilidad que atribuyen a estigmas en actitudes y/o profesiones), no significa que fuera de lo que conocen de forma estigmatizada como homosexualidad, no existan a su alrededor, en compañeros de trabajo, en amigos y sí, también dentro de la familia y claro, también dentro de casa.

Esa actitud, aunque es obsoleta y ciega, tal vez se puede entender en personas, porque son eso, seres humanos. Pero  cuando hablamos de entidades, organizaciones, empresas, o en un país es definitivamente absurda. La jóvenes gay que hoy disfrutan (y a riesgo de ser muy criticado debo decir que en ocasiones abusan) de la posibilidad de ser visibles, de demostrar su afecto y de legalizar sus preferencias sexuales. Y esos beneficios sociales y legales, como derivado de luchas políticas y de movimientos sociales, han sido ganados muy recientemente. 

En Rusia, la situación de homofobia que se vive más políticamente que socialmente, es increíble. Y la actitud del país en su afán de demostrar una postura hacia la homosexualidad, está verdaderamente fuera de lugar y teniendo unos alcances muy graves, en un momento histórico en el que está causando más daño no sólo a su gente misma, sino a su imagen como país, que entre muchos otros, deberían optar por la libertad en todos los sentidos.  Sus medidas van más allá de no legalizar la homosexualidad, sino además de penalizarla y de escandalizarse ante las muestras de apertura en el resto del mundo, lo que está dejando a Rusia en un papel muy ridículo, porque para empezar, es como asumir que en su país, no hay ni ha habido homosexuales. Las calles de Moscú tienen muchos homosexuales y bares que están a la altura de cualquier otro en grandes capitales, como el “three monkeys” o “propaganda”, que luego de atender a la concurrencia en su fachada de restaurante, se transforma en un make-over total, levantando mesas y dejando espacio para convertirse en una disco gay muy concurrida.

En la Universidad de St Petersburgo, se levantó hace dos años un monumento a Steve Jobs, un iphone gigante que muestra imágenes de Jobs, esto se hizo por su aportación al mundo de la tecnología. Pero ante las declaraciones  de Tim Cook, en las que menciona que “ser gay es lo mejor que le pudo haber pasado”, el gobierno ruso decidió desmontar el iphone, porque de lo contrario sería una especie de propaganda hacia la tolerancia de la homosexualidad. De tal suerte que porque Apple tiene un empleado gay, Rusia ahora desprecia a Jobs y a Apple. 

Una acción como esa, es tan irrelevante e infructuosa como cuando un padre de familia dice que “en su familia no hay homosexuales”. Es no garantiza nada más allá de que se genere un clima de mentira, de que se promueva la doble vida, y de que el padre de familia viva engañándose a sí mismo y pretendiendo una realidad que no existe. Lo mismo pasa con Rusia, está defendiendo lo indefendible, está haciendo que sus ciudadanos vivan una doble vida, está fomentando el estigma y la intolerancia, y sobre todo, está pisoteando los derechos humanos.

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