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viernes, 20 de septiembre de 2013

Terremoto 1985. Me acuerdo que...



Hace algunos meses, en una de las clases de creación literaria a las que he asistido, hicimos un ejercicio que me marcó, y me pareció un buen elemento iniciador para el recurso de la escritura. Y hoy que me siento con el corazón estrujado, me gustaría escribir algo que pensé justo el día de ayer. Por la tarde caminaba por paseo de la reforma y pensé en ese ejercicio de: "me acuerdo que…".
Así, me acuerdo que hace 18 años, el 19 de septiembre de 1985 ocurrió un suceso que me dejó marcado de por vida. En aquel tiempo aún vivía con mi padre aún, y recorríamos la avenida Juárez que por aquella época transitaba en el sentido contrario en el que circula hoy.  Mi padre y yo discutíamos cualquier tontería cuando notó que alguien en la acera de la alameda central arrojaba piedras a las ventanas de los edificios de enfrente. Seguíamos avanzando en el coche en dirección hacia reforma, y no tardó mucho tiempo en darse cuenta que la realidad, es que no eran piedras, era el movimiento de los edificios como resultado del temblor que empezaba a sentirse. Aparentemente era un temblor más. Pero poco a poco empezó a detener el tráfico el movimiento. Mi padre detuvo el coche a la altura del hemiciclo a Juárez y me dijo que saliera del coche y me fuera corriendo al parque de la alameda. Yo iba a seguir sus instrucciones. Bajé del coche, y al cerrar la puerta miré inevitablemente hacia la acera de enfrente. No me pude mover mas. Me quedé sosteniendo aún la puerta del coche, y mi vista quedó fija en los edificios y la gente que estaban frente a mí. Yo no sentía absolutamente ningún movimiento, era como ver una película con efectos especiales, y por cierto… parecían muy buenos efectos.

Lo primero que vi fue un Vips que tenía directamente frente a mí, con un candelabro gigantesco que se movía de un lado hacia el otro con mucha fuerza y así rompió el vitral enorme que abarcaba toda la parte superior de la entrada del restaurante. Hacia la derecha, estaba el antiguo Hotel del Prado, que se movía entero de izquierda a derecha, como si fuera de hule, como si fuera una broma, yo jamás había visto algo así, tal vez ni siquiera en una película. El edificio se cuarteaba, pero seguía en franco movimiento. La gente corría y gritaba en aquella acera. A mi alrededor la gente se movía, el ruido invadía la calle. Pero yo no escuchaba nada, no sentía nada. Solo miraba, mis ojos asimilaban el desastre que ocurría delante de mi. Y entonces, un edificio a la derecha del Hotel del Prado, estaba en pie, como si fuera de acero. No se movía. Pero luego de un pequeñísimo rato, noté que de la base del edificio, a la altura de la planta baja, salía polvo, mucho polvo.. la gente corría en esa acera.. Y el edificio empezó a achicarse, se hacía pequeño, sin volcarse, solo de arriba a abajo… El edificio se colapsaba frente a mí. Y la nuble de polvo y escombros cada vez era más grande.  Todo ocurrió muy deprisa. 

De repente sólo sentí la mano de mi padre que me empujó dentro del coche en cuanto dejó de temblar, subimos al coche y no podía creer lo que veía en todo el recorrido que hicimos desde el centro a la Colonia Nápoles para llevarme a la escuela. No puedo olvida que había gente en las calles de la Colonia Roma, en bata, llorando, con edificios dañados, todo a mi paso estaba en caos.  Nunca lo olvido. 

No olvido que desde entonces, cualquier movimiento telúrico acelera mi corazón y mis sentimientos. Nadie lo entiende. Busco correr hacia la calle, y no puedo evitar recordar todo eso. Ni puedo evitar recordar a mi padre, ni creo que mi padre o miles de personas más olviden ese día.